Cómo crear empleo en España - Pilar Sánchez Vicente
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Cómo crear empleo en España

“Mamáaa, ¿Vos que futuro le ves a ese movimiento por la liberación de la mujer, nada, olvídalo”

Las mujeres españolas no entran en el mercado laboral porque ya están en uno pirata, sin derechos ni reconocimiento y con un importante coste. No en vano tenemos tres veces más enfermedades debido al estrés que los hombres. Y sin contar el coste social que supone tener una de las fertilidades más bajas del mundo.

Pongamos el caso de una mujer asturiana, la comunidad con tasa de natalidad más baja del planeta. Está en edad de procrear y trabaja –sueldos inferiores a los de los hombres, contratos precarios-, haciéndose  cargo mayormente de las tareas del hogar pues le resulta imposible gastar parte de su sueldo en limpieza.

Quiere tener hijos. Sin contar con guarderías laborales gratuitas, o abandona el trabajo para cuidarlos o se los encasqueta a sus padres, que ya mantienen a la hermana pequeña y sus críos, separada y en paro.

Combina las dos, aunque tardará en volver a trabajar. A un hombre nunca le preguntan si va a tener otro niño. Terminará aceptando cualquier oferta de inferior categoría en unas condiciones lamentables. ¡Cómo para quejarse! La hipoteca, los estudios del chaval…

Su hijo tiene dos opciones: o emigra o permanece en casa hasta los 30 años,  así que, cuando llega, lo encuentra en el sofá. Y dale de comer, para salir, cursos… ¡Menos mal que tuvo solo uno!

Sus padres, tras largos años de trabajos duros, ven como su pensión se ha convertido en el sustento de sus vástagos y además ejercen de canguros, pese a los achaques.  Un buen día se hacen mayores. Esto es, ya no sirven ni para ir a recoger el peque al colegio. ¿Y ahora? Los servicios sociales ofrecen dos horas a deshora a la semana, las residencias son caras. Necesita meter una persona y, entonces, calcula su mierda de sueldo unido al cariño que les tiene y lo mucho que han hecho por ella: deja de trabajar.

Ya nunca volverá al mercado laboral. De su pensión cuando llegue la edad de jubilarse, ya no hablemos.

¿Os extraña el elevado consumo de Lexatín, Tranquimazín, Orphidal…?

Limpiadoras, enfermeras, cuidadoras, asistentas, psicólogas, acompañantes, nutricionistas, cocineras, educadoras…  Si todas estas profesiones ejercidas en negro por las mujeres se hicieran contratos efectivos, aumentaría exponencialmente la creación de empleo y la riqueza. Pero es ahí, precisamente, en bienestar social y de las personas, donde el Gobierno más recorta.

¿A costa de qué? De la independencia y la libertad de las mujeres.

¿Es casual o gratuito? No. Es un reflejo más del machismo heteropatriarcal de esta sociedad: el poder nos quiere atadas y bien atadas, mano de obra esclava y pobre.

Y luego se les llena la boca al gusto y en un ejercicio de hipocresía, hacen manifestaciones por la familia. Con pancartas acuden políticos y obispos, y rubias señoras de barrio rico con internas extranjeras sin regularizar a las que no sientan a su mesa. Y muchos niños, los que Dios nos de, que siempre habrá una mucama para cuidarlos o un internado en el extranjero para perderlos de vista.

Ellas serán las que se meten en política, no nuestra pobre amiga, desfondada, deprimida. Ellas, las que hablan de valores de cartón, son incapaces de admirar el valor de esta mujer de clase media baja, la que no tiene dinero para pagar los servicios que el Estado no ofrece, la que mantiene en pie esta sociedad.

A nuestra amiga asturiana solo le faltaba haber dado con una maltratador.

Otro además del Gobierno, claro.

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