Melilla 2: del caballo de Troya al Ferromocho. La aventura colonial española I - Pilar Sánchez Vicente
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08 Dic Melilla 2: del caballo de Troya al Ferromocho. La aventura colonial española I

A comienzos del s XX y tras la “deshonrosa” pérdida de las últimas colonias, Cuba y Filipinas, en 1898, España es la convidada de piedra en la expansión imperialista europea. Y ha dado prueba sobrada de su incompetencia

En Melilla, la situación ha cambiado siglos después del “caballo de Troya” 

El rey Afonso XIII y su camarilla detentan la mayoría del capital social de la Compañía Española de Minas del Rif y se hacen con la concesión de las explotaciones en virtud de un “Ferromocho”: un gerifalte local, que se presenta como heredero del sultán, les vende los títulos diciendo ser su propietario. Eso volverá a los indígenas contra los intrusos y será una parte de la raíz del conflicto.

1906 Acta de Algeciras. Se firma el tratado internacional donde Europa reparte Africa: Francia, que estaba en Argelia, pretende salir al Mediterráneo por Marruecos. Inglaterra no la quiere frente al Peñón de Gibraltar y le ofrece a España el norte de África para neutralizar a su eterno rival, dándole a Francia la salida al mar por Casablanca. Alemania se queda con el Congo e Inglaterra con Egipto a resultas.

En 1909, con el Acta en la mano, España emprende su expansionismo por la zona.  Los indígenas atacan a los invasores y matan a seis trabajadores de las minas del rey. Se forma una expedición de castigo con la destreza militar de un ejército que solo acumula derrotas en su historia. A las unidades que llegan en un barco, destripaterrones de tierra adentro, tres días vomitando, se los manda en directo sin comida, agua, munición y en alpargatas a perseguir al moro.

Y se adentran en un barranco sin nombre, en la boca del lobo.

De ahí le viene el nombre: En el Barranco del Lobo, en el macizo del Gurugú, un aciago día de julio de 1909, casi 500 soldados mueren y 600 resultan heridos en pocas horas en una cacería propiciada por el terreno. Cuando lo ves, te das cuenta de que hay que estar muy loco o ser muy chulo para meter a una expedición en ese cuello de botella. Es la guerra del pobre, los astures estuvimos 10 años volviendo locos a los romanos, tirándoles piedras desde lo alto, en emboscada y guerra de guerrillas.

Sabemos de que hablamos. Los mandos solo tenían cojones.

Eran los humildes, los obreros y agricultores quienes iban a la guerra, los ricos libraban pagando la cuota.

El pueblo salió a la calle intentando cambiar las cosas. Había corrido demasiada sangre y el exterminio de los jóvenes reclutas empezaba a ser evidente. Pero también existían demasiados intereses creados para que sus reivindicaciones tuvieran futuro.

Lo conocemos como la Semana Trágica .

¡¡¡No te pierdas la continuación!!!

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