Mujeres Errantes: la casita de chocolate.
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Mujeres Errantes: la casita de chocolate.

Mujeres Errantes: la casita de chocolate.

mujeres errantes Souvenir de Matterhorn paradise. 

LOS DÍAS FELICES DE LA INFANCIA.

” Si Zermatt era una bombonera, Matterhorn Paradise era un bombón. Y nosotras su relleno. Ser hija de una comerciante, aunque sea de souvenires y exquisiteces, te sentencia a pasar la vida en la tienda.

Crecí rodeada de peluches, navajas multiusos, calcetines de lana basta, bufandas, gorros, camisetas, tazas decoradas, ceniceros, abrecartas, vasos de fino cristal y menaje de madera tallada, cencerros, figuritas de ce­ rámica y bolas de cristal con el monte Cervino dentro y sus casitas alpinas o el trenecito, que se cubrían de copos blancos cuando las agitabas. Detalles típicos que viajarían en las male­tas de los turistas a lejanos destinos, recordándoles años más tarde que en alguna ocasión estuvieron en Zermatt, paradigma del lujo helvético.

Matterhorn Paradise constituía mi pequeño y controlado mundo. Fuera de esa bola de cristal, la imaginación suplía lo desconocido.”

(GRETA. Mujeres errantes, Roca Editorial, 2018)

 

 

 

 

 

 

1Comentar
  • Mercedes Romón Lema
    Publicado a las 10:43h, 01 febrero Responder

    Que guapo Pilar, que buena infancia, ya me lo estoy imaginando, también yo soñaba con las bolas de cristal, había mundos dentro de ellas!

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